miércoles, 19 de noviembre de 2014

  Ahora, mientras lees esto, estas envejeciendo.
  Lo cierto es que por mucho que a lo largo de tu vida te embadurnes la cara con potingues, no va a cambiar el hecho de que sí, te mueres. Cada minuto, cada segundo, cada día, hora... tu cuerpo, un elemento en ebullición.
  No malgastes tu tiempo con personas que no lo merecen, puesto que, siguiendo esta regla, le regalarás pedazos de tu vida, que luego serán recuerdos y que no van a volver.
  Se te escapa el tiempo. Cuanto más intentes agarrarlo; más corre. Sé consciente. Asúmelo.


domingo, 9 de noviembre de 2014

La arena no es más que arena.

  Hace frío. Ambos observan a un niño que está construyendo un castillo en pleno mes de noviembre. Su madre se acurruca en una rebeca mientras el chico se mancha y juega.
  -Siempre me ha asombrado lo que son capaces de hacer algunas personas de la nada- dijo en un susurro la chica, mientras miraba cómo la espuma dibujaba sobre la arena marrón-. ¿A ti no?
  -¿Perdona?
  Ella le cogió la mano y comenzó a trazar con su índice líneas sin orden mientras miraba fijamente el garabato invisible que estaba dibujando.
  -Con tan sólo dos manos. Hay gente que sólo necesita dos manos para crear auténticas maravillas- hablaba tan bajito que costaba oírla por encima del sonido de las olas. Alzó los ojos y sonrió.
  -No lo entiendo-. Al notar que ella no tenía intención de contestar, se llevó su mano derecha boca y la besó. Sin contestarle, ella echó a andar por la orilla- ¿dónde vas ahora?
  Haciendo caso omiso, la muchacha siguió caminando. La brisa marina de otoño jugaba con su pelo azabache mientras la arena se hundía bajo sus pies. Llegó a un lugar determinado y se sentó, de manera que el agua seguía acariciándola.
  Las nubes amenazaban al este, negras, ahuyentando a las gaviotas y pescadores de adentrarse en las aguas del Mediterráneo que, en ese momento, permanecía en calma.
  La chica cogió un poco de arena mojada. 
  -¿Ves? no es nada. Sólo arena. Arena que han pisado, revuelto, mareado... pero sigue siendo arena. Y cuando alguien adecuado la coge, deja de serlo, se convierte en otra cosa. Cualquiera. Quizá ese alguien no lo sepa, pero lo que tiene entre sus manos es alucinante. Quizá ese alguien lo tire y prive al mundo de conocer cómo la tierra mojada deja de ser tierra mojada- mientras pronunciaba la última frase iba dejando caer sobre el agua el contenido de sus manos.
  -La arena no es más que arena. 
  -¿Estás seguro?
  El joven asintió y ella negó con la cabeza, entristecida. 
  -No lo entiendes, tenías razón antes. Eres ese tipo de personas y nunca lo entenderás- ella se calló de golpe. Había captado toda su atención. -Probablemente nunca volverás a asombrarte como los niños con un juguete nuevo, vives sin saber que estás viviendo. ¿Eres capaz de sentir? Cuando tocas, escuchas, saboreas, ves... ¿realmente lo sientes? sé que te limitas a ver las horas pasar sin preguntarte siquiera por qué vuelan. La tierra se ha convertido en un hormiguero. Un lugar donde los humanos nos dedicamos a hacer nuestro trabajo, que está establecido desde que nacemos...- le miró directamente a los ojos, se la veía entristecida-. ¿Me haces un favor?
  Él, perdido en las palabras que salían atropelladamente de su boca roja en ese monólogo improvisado, fruto de un espíritu inventivo, impulsivo y  puramente pasional, asintió. Le habría dicho que sí a cualquier cosa.

  -Mientras estés a mi lado, no dejes que el tiempo corra hasta acabarse. Siente. Cierra los ojos y nota el viento, aunque esté frío, quítate los zapatos y toca el suelo con tus pies, aunque te puedas pinchar con algo, no lo sé. Inventa, piensa, no te conformes.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Firmado...

 Me agarran y retuercen manos frías, grandes, sudorosas, llenas de callos, suaves, sucias, pegajosas, jóvenes, viejas, rígidas, pequeñas, blandas, duras, resecas. Dejan su esencia, todo lo que esconden, anhelan, temen o aman se queda pegado en mi superficie como un pegote de chicle que se endurece y nunca termina de irse, y lo peor es que nunca sé cuando va a volver a suceder. En la negra, fría oscuridad y quietud en la que vivo, dónde no se ve nada, me resigno a sentir lo que el tacto me dice y a fisgar en la esencia de las personas que me movilizan.
 Así pasan mis días entre un vaivén que me marea de vez en cuando, siempre igual, hacia adelante, hacia atrás, y un murmullo de voces lejanas.

...El pomo de una puerta