miércoles, 31 de diciembre de 2014

El día más viejo del año.

  El día más viejo del año estaba cansado cuando salió el sol. Se puso su bufanda lentamente y con cuidado cogió el gorro con sus manitas artríticas.
  El día más viejo del año era muy viejo. Cogió sus zapatitos ajados y comenzó a sacarles brillo despacito.
  El día más viejo del año no tenía ganas de salir a la calle. Pensó que le gustaría encender la chimenea, así que, pausadamente, se dirigió a cortar leña.
  El día más viejo del año no era el más fuerte. Pidió ayuda a sus vecinos; pero uno era casi tan viejo como él y el otro demasiado joven.
  El día más viejo del año sintió frío fuera, comenzaba a nevar. Desistió y se dirigió despaciosamente a la cama.
  El día más viejo del año se durmió profundamente hasta que escuchó un ruido. Fue hacia la ventana y vio que los jóvenes celebraban su cumpleaños tirando petardos.
  El día más viejo del año sabía que había una fiesta. Decidió no ir, pero también se negaba a ver los especiales de año nuevo.
 El día más viejo del año se sentía débil y torpe. Se dirigió a la cocina y se preparó un poco de sopa humeante.
  El día más viejo del año estaba cansado cuando salió la luna, tan cansado que decidió dormirse otra vez. Ya daban las doce, el día más viejo del año no quiso volver a despertarse.

jueves, 25 de diciembre de 2014

miércoles, 19 de noviembre de 2014

  Ahora, mientras lees esto, estas envejeciendo.
  Lo cierto es que por mucho que a lo largo de tu vida te embadurnes la cara con potingues, no va a cambiar el hecho de que sí, te mueres. Cada minuto, cada segundo, cada día, hora... tu cuerpo, un elemento en ebullición.
  No malgastes tu tiempo con personas que no lo merecen, puesto que, siguiendo esta regla, le regalarás pedazos de tu vida, que luego serán recuerdos y que no van a volver.
  Se te escapa el tiempo. Cuanto más intentes agarrarlo; más corre. Sé consciente. Asúmelo.


domingo, 9 de noviembre de 2014

La arena no es más que arena.

  Hace frío. Ambos observan a un niño que está construyendo un castillo en pleno mes de noviembre. Su madre se acurruca en una rebeca mientras el chico se mancha y juega.
  -Siempre me ha asombrado lo que son capaces de hacer algunas personas de la nada- dijo en un susurro la chica, mientras miraba cómo la espuma dibujaba sobre la arena marrón-. ¿A ti no?
  -¿Perdona?
  Ella le cogió la mano y comenzó a trazar con su índice líneas sin orden mientras miraba fijamente el garabato invisible que estaba dibujando.
  -Con tan sólo dos manos. Hay gente que sólo necesita dos manos para crear auténticas maravillas- hablaba tan bajito que costaba oírla por encima del sonido de las olas. Alzó los ojos y sonrió.
  -No lo entiendo-. Al notar que ella no tenía intención de contestar, se llevó su mano derecha boca y la besó. Sin contestarle, ella echó a andar por la orilla- ¿dónde vas ahora?
  Haciendo caso omiso, la muchacha siguió caminando. La brisa marina de otoño jugaba con su pelo azabache mientras la arena se hundía bajo sus pies. Llegó a un lugar determinado y se sentó, de manera que el agua seguía acariciándola.
  Las nubes amenazaban al este, negras, ahuyentando a las gaviotas y pescadores de adentrarse en las aguas del Mediterráneo que, en ese momento, permanecía en calma.
  La chica cogió un poco de arena mojada. 
  -¿Ves? no es nada. Sólo arena. Arena que han pisado, revuelto, mareado... pero sigue siendo arena. Y cuando alguien adecuado la coge, deja de serlo, se convierte en otra cosa. Cualquiera. Quizá ese alguien no lo sepa, pero lo que tiene entre sus manos es alucinante. Quizá ese alguien lo tire y prive al mundo de conocer cómo la tierra mojada deja de ser tierra mojada- mientras pronunciaba la última frase iba dejando caer sobre el agua el contenido de sus manos.
  -La arena no es más que arena. 
  -¿Estás seguro?
  El joven asintió y ella negó con la cabeza, entristecida. 
  -No lo entiendes, tenías razón antes. Eres ese tipo de personas y nunca lo entenderás- ella se calló de golpe. Había captado toda su atención. -Probablemente nunca volverás a asombrarte como los niños con un juguete nuevo, vives sin saber que estás viviendo. ¿Eres capaz de sentir? Cuando tocas, escuchas, saboreas, ves... ¿realmente lo sientes? sé que te limitas a ver las horas pasar sin preguntarte siquiera por qué vuelan. La tierra se ha convertido en un hormiguero. Un lugar donde los humanos nos dedicamos a hacer nuestro trabajo, que está establecido desde que nacemos...- le miró directamente a los ojos, se la veía entristecida-. ¿Me haces un favor?
  Él, perdido en las palabras que salían atropelladamente de su boca roja en ese monólogo improvisado, fruto de un espíritu inventivo, impulsivo y  puramente pasional, asintió. Le habría dicho que sí a cualquier cosa.

  -Mientras estés a mi lado, no dejes que el tiempo corra hasta acabarse. Siente. Cierra los ojos y nota el viento, aunque esté frío, quítate los zapatos y toca el suelo con tus pies, aunque te puedas pinchar con algo, no lo sé. Inventa, piensa, no te conformes.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Firmado...

 Me agarran y retuercen manos frías, grandes, sudorosas, llenas de callos, suaves, sucias, pegajosas, jóvenes, viejas, rígidas, pequeñas, blandas, duras, resecas. Dejan su esencia, todo lo que esconden, anhelan, temen o aman se queda pegado en mi superficie como un pegote de chicle que se endurece y nunca termina de irse, y lo peor es que nunca sé cuando va a volver a suceder. En la negra, fría oscuridad y quietud en la que vivo, dónde no se ve nada, me resigno a sentir lo que el tacto me dice y a fisgar en la esencia de las personas que me movilizan.
 Así pasan mis días entre un vaivén que me marea de vez en cuando, siempre igual, hacia adelante, hacia atrás, y un murmullo de voces lejanas.

...El pomo de una puerta

domingo, 13 de abril de 2014

Marina

  Descubrió bajo el mar algo que no había tenido en la superficie: calma. Mientras las algas se enredaban en su melena de oro al son de una música muda, ella se iba acomodando en el lugar donde sería eterna, donde reinaría sobre todo aquello que se movía bajo el agua. Ya nadie más podría herirla, ya no habría nadie que le restara importancia. Ahora ella era la reina, la reina del agua.
  Escapaban de su boca pequeñas burbujas de aire que hacían carreras hacia la superficie, donde morían sin que nadie supiese que abajo, en su nueva cama de arena, había una sirena triste.
  Marina la llamó su madre, y en la mar descansa sin que nadie la encuentre desde que decidió esconderse bajo el manto azul.
 Bella y etérea, pensó su alma mientras observaba los alrededores del castillo de rocas, irónica gracia la de permanecer por siempre joven.

jueves, 27 de febrero de 2014

Sueños.

  ¿Existe algún individuo cuyos pensamientos nunca hayan volado en esa dirección? Los sueños. 
  Cuéntame, qué son en realidad los sueños. ¿Realmente el alma viaja a través del tiempo y el espacio para situarnos en otra realidad en un estado de inconsciencia física? Tal vez son "manifestaciones mentales de sonidos, imágenes, pensamientos y sensaciones", como la wikipedia asegura. "En los sueños es el único lugar donde somos real y totalmente libres", nos dijeron en clase hace no mucho.
  Cada cual tiene su propia idea, y yo..., a mí me intrigan más de lo que puedo, a veces, resistir. Me parece ilógico cómo al despertarme siento que he estado en otro lugar, y más aún cuando me ha parecido tan real, que incluso puedo sentir el tacto de el sillón donde estaba sentada o el olor de las flores que había en aquella pradera idílica.
  ¿Cómo y por qué? Preguntas, siempre las mismas, y por más que las repita no obtengo ninguna respuesta clara. Quizá es porque giro en circulo tras la sospecha y nunca llego al planteamiento de la idea en sí. Igual es porque una vez he entrado en conflicto con las sugerencias de mi entendimiento, me abrumo de tal manera que tengo que parar y dejar que corra el aire entre lo físico y lo hipotético... Quién sabe.

domingo, 26 de enero de 2014

Yo estoy bien aquí. ¿Tu no?

  El dedo de la niña pequeña señaló una estrella que cuanto más se acercaba la noche más visible era.
  -Me han dicho que está allí.
  -No, ahí no cabe. Es un puntito muy chico. ¿Quién te lo ha dicho?
  -Me lo dijo él, me dijo: cuando ya no me veas, estaré ahí, y me señaló ese puntito. ¿Lo volveré a ver?
  -No lo sé. Al final todos nos volvemos a ver. 
  -¿Cómo que al final?
  -No se, al final.
  La niña miró a su madre, que estaba detrás de la valla del parque y esta le sonrió y siguió hablando con otra mujer.
  -Mi mamá llora mucho.
  -Igual deberías decirle que está ahí. Quizá cree que se ha perdido. Cuando yo me perdí en el mercado, todos lloraban mucho. Escuché que tenían miedo de no encontrarme nunca.
  -Pero ella es mayor. ¿También se pone triste?
  -Los mayores se ponen tristes también.
  -Pablo, tú no te vas a ir allí con mi abuelo, ¿verdad que no?
  -Yo estoy bien aquí. ¿Tú no?
  -Si, yo también.